Por el canal
Crónico
abre la mochila.
—Conseguí
la Rolling Stone de enero de 2003 y este disco de los Chili Peppers, la
vuelta de John —le dice a Tintas.
―
Kiedis, Balzary, Martinez y Slovak —enumera Tintas.
― Y
Frusciante —agrega Crónico.
―
Kiedis, Balzary, Martinez y Slovak, sin ellos no hay Frusciante.
—Deberíamos
armar un club: Frustrantes. El club de los Frustrantes. Mirá éste puede ser
nuestro himno: Frusciante toca Shadow
Play de Joy División — Crónico saca el celular, se lo hace escuchar al
hermano y cuando termina dice: ―Ufff que ganas de morir escuchando Joy
División.
―El
cantante murió escuchando Iggy Pop mientras sonaba The Idiot —agrega Tintas.
―Que
ganas de morir escuchando Joy División con un video de Ian Curtis colgado con
The Idiot de fondo.
―O
que ganas de morir escuchando Joy División, con un video de Ian Curtis colgado
con The Idiot de fondo.
―Más
que ganas de morir escuchando Joy División, con un video de Ian Curtis colgado
con The Idiot de fondo y un local de Ay Not Dead ardiendo por una remera en
llamas con la frase Love Will Tear us Apart.
Se
rieron. Tintas no tanto.
Tintas
y Crónico discuten por bandas y quién influenció a quién. El Tintas fue y es el
faro musical entre ambos. Virtudes y privilegios del hermano mayor con más
noches de teléfonos sonando en habitaciones vacías.
—Estoy
preocupado, como siempre, no es la primera vez que te pasa, pero si no hablás
no sé qué pasa.
Una
nueva mañana soleada y una repetida vieja pregunta de Tintas.
—Cambié
o será como decís vos, que lo que tengo acá no está o parece que no está.
Cuando nos fuimos a vivir a la ciudad de pibes algo me cambió. Viste como le
pasó a Charly esa vez que naufragó tres noches seguidas cuando fue a pescar y
cuando volvió cambió para siempre. ¿Te acordás?, no pudo explicarlo, vendió la
lancha, el motor, dejó de hacer el trabajo de toda su vida y se desapareció,
estaba pero no era el mismo. Vio algo, le pasó algo que lo cambió.
—Pero
vos ni pasás la primera rompiente, ya no disfrutás más del mar hermano.
—Es
lo que me dicen, o digo. Los problemas que se traban con palabras y se
destraban con palabras. Al menos lo procesé y ya no lloro, bah, a veces.
—Sí,
pero no solamente con palabras te ahogás.
—Qué
justo que uses la palabra ahogar.
— Y
encima aparecés con esa revista de Bart como Nevermind. Volvé, deja de estar
adelante de una pantalla imaginando historias en
tu cabeza. No te enrosques. Deja ese laburo roñoso.
—Te
falta decirme que soy muy sensible, dale. Si vos estuviste allá y entendiste cómo
es. Pero lo tapás con otras cosas.
Tintas
se la dejó pasar.
—Vos
estás distraído. Yo me enfoco.
—Mirá.
Ahí, media cuadra antes de que termine la rambla, por el
último hotel, por la bajada con las únicas escaleras de cemento que nos
quedan en las veinte cuadras de hormigón. Ahí está el canal. A la tarde
cuando baja la marea lo veo, al medio día cuando sube lo veo. Lo veo cuando
llueve, la playa está vacía, sin gente. Lo veo el domingo, la playa es un
hormiguero y lo veo.
Cada
semana lo vemos. Los guardavidas lo ven, nos sentamos a la tarde en las
escaleras y lo vemos. Todos lo vemos.
Es
ese día, el que odian, ese día nublado. El cielo se pone gris. La arena empieza
a picar las piernas de la gente. Se vuela todo. Caen algunas gotas gordas,
calientes. Levantan todo y se van. Se van los domingueros. Los guardavidas bajan las banderas y se van todos, todos menos mis dos
amigos.
Yo
espero. Lo veo. Va a soplar sur toda la tarde, toda la noche, quién sabe cuándo
deje de soplar. Nosotros sabemos.
Sur
clavado lunes y martes. Miércoles a la madrugada se da vuelta, se pone Norte.
Arranco
la naranja mecánica. 5 am, José y Jere meten las tablas atrás. Y vamos a la
bajada. Todos duermen. Un día así te
toca dos o tres veces en enero.
Nos
ponemos las patas, pasamos la rompiente y nos revolcamos por horas. Listo. Es
eso. Vivir por siempre. Eso es la libertad, la nuestra.
—A veces
me arrepiento de no haber hecho alguna experiencia psicodélica adentro. Pero
experiencias, algo así en al agua, no ir a ver bandas pepeado, menos como hacen
los turistas que se colocan para ir al boliche, la única puerta de la
percepción que golpean es la del baño, para preguntar si está ocupado. ¿Por qué
nunca lo hicimos? —preguntó Crónico—. Y encima dicen que para el 2050 en el mar
va a haber más plástico que agua.
Vienen
tres juntas. Pero las dejan pasar. Como si se hubieran puesto de acuerdo.
—Vos
no la hiciste. No sabés cómo se sienten las burbujas sobre la piel tan
sensible con una doble gota —se relamió Tintas.
Viene
una más. Y otra. Y otra empieza a alzarse más atrás. La ven. La ven venir.
—Ahora
ya ni puedo —vuelve a lamentarse Crónico, apenas a flote.
—No
pienses en eso. No pienses más en eso —le dice el Tintas mientras empieza a
remar, a remar con fuerza, o tal vez con furia.

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